lunes, 22 de julio de 2013

Una Historia Coreana: Al otro lado.

Corea del Norte
El edificio no tenía luces, ya que la electricidad hacía meses que había dejado de funcionar con regularidad. En las habitaciones se apiñaban camillas metálicas cargadas de enfermos y heridos, eran los afortunados. Para muchos otros no había sitio y en los pasillos yacían otros tantos enfermos junto a filas de niños desnutridos con las costillas marcadas. La carestía de anestésicos obligaba a muchos médicos a realizar operaciones casi sin anestesia a unos pacientes que habían llegado al hospital a hombros o en carretilla, ya que no había combustible para las ambulancias. Para finales del año anterior, la falta de alimentos obligó al hospital a suspender los servicios de comida para los enfermos. Ahora, al no tener tampoco medicinas, muchos eran los enfermos graves a los que ni siquiera se llevaba al hospital y muchos otros los que se iban sin recibir el alta para morir en su casa. 
La escena parece sacada de un campo de refugiados en algún rincón dejado de la civilización, de algún delirio apocalíptico o de una ciudad asediada durante alguna brutal guerra de épocas que ya quedan muy atrás, pero no. El año es 1994 y el lugar es el Hospital Municipal de Chongjin, la tercera ciudad en importancia en Corea del Norte.

Mientras la gente moría de inanición detrás de las puertas de sus casas y hospitales, silenciosamente y lejos de la vista de comunidad internacional, millones de norcoreanos sollozantes se arrodillaban en hileras interminables dando alaridos de dolor a los pies de las colosales estatuas del gran Líder. Kim Il-Sung había muerto esa misma semana. Las estatuas eran en muchas ciudades el único punto que se mantenía iluminado las veinticuatro horas del día. En la mayor parte del país la electricidad había dejado de funcionar hace meses.

La madrugada del 8 de julio de 1994 moría en uno de sus palacios del norte del país el hombre que sería entronado como Presidente Eterno, algo a lo que ningún dictador militar de poca monta llegó nunca a aspirar, quedándose como mucho en Presidente Vitalicio. Muchas son las historias que circulan sobre su muerte, la cual tuvo lugar apenas tres días después de una visita de Jimmy Carter a Corea del Norte para abordar la desnuclearización del pequeño feudo de los Kim. Algunos dicen que la noche en la que sufrió su fatal ataque al corazón, Kim Il-Sung había discutido acaloradamente por los fracasos económicos de las políticas de su hijo, Kim Jong-Il, quién había sido designado sucesor en 1973 y llevaba ya casi un lustro dirigiendo el país detrás de la cortina.

La historia parece bien plausible a juzgar por el devenir de las cosas, pero en torno a la muerte del Gran Líder todo es misterio. De los cuatro helicópteros que despegaron de los jardines de su palacio para llevar su féretro y a su séquito de vuelta a Pyongyang sólo llegaron dos, curiosamente el que transportaba el ataúd y el que transportaba al sucesor. Los dos aparatos con los médicos del Gran Líder y sus asesores más cercanos se estrellaron... según dicen por el mal tiempo.

Corea del Norte


Se tardó treinta y dos horas en informar al pueblo de la muerte de su mesiánico guía. La reacción no se hizo esperar. Las unidades de trabajo y vecinales obligaron a todo ciudadano a postrarse y llorar ante la estatua de Kim Il-Sung más próxima a su casa dos veces durante cada uno de los diez días de luto oficial. Teniendo en cuenta que, para 1994, había más de 34.000 estatuas de Kim Il-Sung y de su hijo, encontrar una no iba a ser complicado. La televisión nacional, la única del país, se llenó de imágenes de ciudadanos destrozados y de documentales de la vida de "abogi", un término que en coreano sólo se usa para referirse al padre de uno o a Dios.

Incluso apareció uno en el que se decía que si el llanto del pueblo era lo suficientemente apasionado y sincero, el Gran Líder podría volver a la vida... Y puede que, en parte, así sea hasta cierto punto. El Gran Líder Kim Il-Sung sigue siendo el Jefe de Estado de la República Popular Democrática de Corea (que bien poquito tiene de popular y de democrática, y aún menos de república) a pesar de la pequeña contrariedad de llevar casi veinte años muerto. Es, por tanto, su nieto quien ejerce las funciones prácticas del cargo.

Kim Il-Sung había tenido mucha suerte en la vida y había sabido jugar muy bien sus cartas. De hecho, hasta "eligió" el momento ideal para morirse. Los años 90 son recordados especialmente en este país aislado y temido por la devastadora hambruna que, según informes, se pudo llegar a cobrar hasta 2millones de vidas entre 1993 y 1998. Si el Gran Líder hubiese vivido un par de añitos más, ¿quién sabe si su recuerdo habría sido igual de entrañable?

Durante la ocupación japonesa de Corea, Kim Il-Sung había liderado a una pequeña unidad de la resistencia coreana. Sin embargo, la superioridad numérica y bélica de los japoneses le obligó pronto a huir a China, donde incluso llegó a adherirse al PCC y a liderar incursiones armadas al lado coreano de la frontera. De ahí saltó a la Siberia soviética, donde se había refugiado una gran cantidad de coreanos que escapaban de la dominación japonesa y del hambre que a menudo atenazaba a las provincias más septentrionales del país. En 1940 se enroló en el Ejército Rojo, sirviendo en él hasta el final de la II Guerra Mundial. Para entonces, los aliados ya habían decidido en El Cairo y en Yalta que Corea recuperaría su independencia tras las derrota de Japón. En septiembre de 1945, al mismo tiempo que los marines americanos desembarcaban en el sur, las tropas soviéticas entraban por el norte de esta pequeña península. Traían consigo a una notable dotación de guías e intérpretes coreanos: uno de ellos era Kim Il-Sung.

El mayor de la dinastía Kim quedó entronizado como líder de Corea del Norte gracias a sus conexiones con los rusos en 1947. Su cargo no estaba tan asegurado, no obstante. Había otras tres facciones dentro del poder que podían hacerle sombra. Pero, sin embargo, la fortuna y la destreza estuvieron siempre de su lado:

1- Los comunistas coreanos tradicionales, que eran más numerosos en el sur y habían permanecido en Corea durante la ocupación japonesa, fueron masacrados durante la guerra por las tropas de Seúl y sus aliados.

2- La facción Sovieto-Coreana era percibida como indoctrinada por Moscú, pero muy inactiva desde el punto de vista bélico. Eran burócratas inservibles y fueron purgados tras la muerte de Stalin. De hecho, ni siquiera los propios rusos se molestaban en disimular el desprecio que sentían por ellos.

3- La facción Sino-Coreana estaba compuesta de militantes que, como el propio Kim Il-Sung se habían enrolado en el PCC. Tras la guerra se les quitaron los cargos tildándoles de neo-coloniales, en alusión a la influencia que durante siglos los chinos habían ejercido sobre Corea.

Rápidamente el culto a la personalidad del Gran Líder floreció. La verdad es que no fue excesivamente difícil. Para 1960 la mayoría de ciudades de Corea del Norte habían sido reconstruidas y las infraestructuras del país eran muy modernas. De hecho, la renta per cápita era muy superior a la del sur capitalista, tradicionalmente agrícola, y que no alcanzaría el nivel de producción industrial del norte hasta 1968.
Corea del Norte

Los norcoreanos vivían en elegantes bloques de apartamentos que se alineaban en torno a imponentes bulevares y parques. Para 1970 el analfabetismo había casi desaparecido y todos y cada uno de los pueblos del país tenían alumbrado eléctrico, algo de lo que China, Corea del Sur o la URSS no podían presumir. En esa época en la que el Mundo Comunista todavía representaba algo, Corea del Norte era vendida como "el gran milagro socialista", puesta incluso como ejemplo en Alemania Oriental o Bulgaria. La cosa no iba a durar.

En 1990 la URSS establece relaciones diplomáticas con Seúl y se desintegra al año siguiente. En 1992, China pasaría a acercarse a los surcoreanos con otra apertura de relaciones. A día de hoy, el 34% de las exportaciones de Corea del Sur acaban en China. El capitalismo había triunfado.

La URSS se negó a continuar dando préstamos a fondo perdido a Pyongyang y las compañías soviéticas dejaron de fiar dinero y productos. China haría lo mismo y la economía norcoreana no tardó en hundirse. Sólo tres años después escaseaba el combustible, la electricidad funcionaba de manera intermitente, luego ocasional y luego excepcional. Finalmente, la comida empezó a escasear también hasta el punto de que en varias ciudades el estado se vio obligado a suspender el racionamiento de víveres, el cual había sido el único medio para alimentar a una población a la cual durante cuatro décadas se le había dicho que tener cultivos propios era un pecado capitalista y diabólico. Los otrora envidiados habitantes de Corea del Norte robaban ahora comida en las granjas colectivas, hervían corteza de árbol y hierbas en la sopa, o plantaban abiertamente vegetales en sus jardines y balcones. Al pueblo se le dijo que Estados Unidos deseaba iniciar una nueva guerra y que para no encontrar oposición había ordenado bloquear todo el envío de alimentos a la madre patria para matar de hambre a sus heroicos ciudadanos.

En 1993 la renta per cápita de un ciudadano norcoreano medio era de 2.179$. Para finales de 1994 se había desplomado a 920$. Sin electricidad las fábricas no podían funcionar, si las fábricas no funcionaban no se podía producir, si no se podía producir no se podía exportar y, si no se podía exportar la economía no tenía posibilidad alguna de remontar. Los muelles de las ciudades costeras industriales, otrora visitados por cargueros rusos, chinos y japoneses estaban ahora desiertos... El último recurso que le quedaba en la manga a la nueva generación que dirigiría al país era un pequeño reactor nuclear donado en los setenta por los soviéticos e instalando en un pequeño pueblo al norte de la capital conocido por el nombre de Yongbyon.

Autor: Ignacio M García-Galán