lunes, 13 de mayo de 2013

Una historia coreana: Y divididos seguimos

panmunjom
La península coreana ha vivido en un estado de relativa calma desde que se firmase el alto el fuego de 1953. No obstante, esto es 'Una historia de Corea'. Por tanto, ¿cómo podría tener un final feliz? Desde dicho año las tropas del ejército norcoreano, sus agentes y sus espías han asesinado, herido, mutilado o secuestrado a no menos de tres mil personas y, con frecuencia, se obstinan en recordar que dicho alto el fuego no es un armisticio y que, por ende, no supone el fin de las hostilidades. Cada vez que el norte desea obtener algún tipo de ventaja, desde retomar negociaciones, conseguir que se le revoquen las sanciones o que se le envíen ayudas, no tiembla a la hora de mover ficha de la manera que sea. Entre los incidentes más conocidos, destacan los siguientes:

* 1954-1978: el ejército norcoreano cava una docena de túneles que cruzan por debajo de la ZDM, enviando francotiradores, agentes y pequeñas unidades de choque al sur. Matan en torno a 350 soldados surcoreanos y estadounidenses en los alrededores de la línea de demarcación en este espacio de tiempo.

* 1968: un comando de 32 hombres es neutralizado en las puertas del palacio presidencial de Seúl cuando intentaban entrar, disfrazados de paracaidistas surcoreanos, para asesinar al presidente de Corea del Sur, Park Chung-Hee. A finales de ese mismo año la marina norcoreana apresa el buque espía estadounidense USS Pueblo, manteniendo a su tripulación retenida durante once meses.

* 1969: un avión de vigilancia norteamericano EC-121 es derribado sobre el mar de Japón a 170km de la costa de Corea del Norte por dos cazas norcoreanos. Mueren sus 31 ocupantes.

* 1983: un explosivo colocado en el Memorial Aung Sang de Rangún estalla durante una visita de estado del gobierno surcoreano en pleno a Birmania, acabando con la vida de 21 personas. Entre los muertos se encuentran el embajador de Corea del Sur en Birmania, el Vice-Primer Ministro y los ministros de Asuntos Exteriores, Comercio y Fomento.


* 1987: dos agentes norcoreanos, Kim Hyon-Hui y Kim Seung-Il, colocan un explosivo plástico en una maleta embarcada en el vuelo 858 de Korean Air que cubre la ruta Bagdad-AbuDhabi-Bangkok-Seúl. Los agentes se suben al avión en Bagdad, activan el temporizador y desembarcan en Abu Dhabi. El avión continua su ruta, explotando en el aire sobre el mar de Andamán cuando acababa de anunciar al control aéreo de Bangkok que aterrizaría en cuarenta minutos. Mueren los 104 pasajeros y los 11 miembros de la tripulación del Boeing 707.

* 1994-2002: el ejército norcoreano infiltra varios grupos de soldados por medio de mini-submarinos. Uno de ellos queda atrapado en las redes de un pesquero surcoreano en 2003, que lo arrastra a su puerto de origen, donde las autoridades lo asaltan, encontrando a todos los tripulantes muertos. En otro de estos incidentes, en 1994, más de una veintena de combatientes consiguen desembarcar, provocando varios combates por espacio de una semana hasta ser todos abatidos. En estos incidentes mueren 42 soldados, policías y civiles surcoreanos.

* 2010: el ROKS Cheonan, un buque de la marina de Corea del Sur, es hundido por un torpedo, muriendo 46 de sus tripulantes. Corea del Norte niega toda responsabilidad, pero pocos meses después sus baterías de artillería costera abren fuego contra la isla surcoreana de Yeonpyong, matando a cuatro personas (dos civiles y dos militares).

¿Hay alguien que aún pueda albergar dudas sobre si Corea del Norte es o no una nación que esponsoriza o emplea el terrorismo? Y, ¿aún queda quién se pregunte por qué a la legación norcoreana la tratan en la ONU como al niño de los piojos de la guardería, con el que los demás no quieren jugar?

A pesar de la adversidad, pocos en el sur se toman en serio las continuas amenazas y pataletas del gobierno del norte. Ambos gobiernos siguieron caminos totalmente opuestos, dejando a sus estados en puntos totalmente contrarios dentro de casi todos los ránkings mundiales. Para 1954 Corea del Sur era uno de los países más pobres del mundo y sobrevivía, en buena medida, gracias a las ayudas y donaciones de Estados Unidos, Japón y de otros países asiáticos (entre los que se llegaban a encontrar Camboya y Filipinas, por sorprendente que parezca). Por su parte, Corea del Norte era vendida al mundo como un milagro industrial que, con ayudas mínimas por parte de China y de la URSS, había conseguido reconstruir prácticamente todas sus ciudades en menos de una década. Las cosas iban a cambiar en los 60.

El ya decrépito Lee Sung-Man se vio obligado a dejar el poder en 1960 tras un claro fraude electoral. Al año siguiente el general Park Chung-Hee daba un golpe de estado y pasaría dirigir el timón del país durante casi dos décadas. Por aquel entonces, a los Estados Unidos les interesaba potenciar y mostrar una Corea del Sur boyante que pudiera claro ser ejemplo de las "maravillas del capitalismo" ante las naciones del Lejano Oriente y que, al mismo tiempo, pudiera permanecer firme frente a las amenazas y ansias expansionistas del comunismo en la zona. No obstante, el gobierno del general Park se iba a sostener, básicamente, gracias a tres pilares: la Agencia de Seguridad (KCIA), el ejército y los grandes conglomerados o "chaebol". Para 1968, por primera vez tras la independencia, el PIB de Corea del Sur supera al de Corea del Norte.

Seul en 1973 La producción industrial del sur experimentaría un crecimiento medio anual del 8,3%. Sin embargo, las condiciones de trabajo draconianas eran de lo más escalofriante, así como el culto a la persona que el propio Park intentó construir en torno a sí mismo. Muchas escuelas, edificios oficiales, fábricas y oficinas tenían un retrato del general Park presidiendo las salas, de una manera Orwelliana muy similar a lo que la familia Kim ha venido realizando al otro lado de la valla. Mientras tanto, las presiones de Washington por democratizar Corea y las revueltas sociales comenzaron a llegar.


A lo largo de la historia nos hemos acostumbrado a ver a dictadores muriendo en sus camas o en el exilio. Park Chung-Hee, no obstante, fue asesinado por su propio Jefe de Seguridad en una cena de lo más animada en 1979, con señoritas semidesnudas y todo. Ello dio lugar a un nuevo golpe de estado que sentó en la tronera a otro general, Chun Doo-Hwan, un derechista irreductible. Durante su gobierno el país siguió su fulgurante desarrollo, pero el general no dudó en liarse a tiros con los manifestantes de Gwangju en la primavera de 1980. Entre 1980 y 1992 el crecimiento medio se situó en un 7,8% y, para 1995, Corea del Sur se había convertido ya en una de las principales productoras industriales y de alta tecnología. Ello no hizo más que poner de relieve las condiciones de los trabajadores surcoreanos durante los regímenes de los generales, no mucho mejores que las de los esclavos de época faraónica. Buena parte de la producción surcoreana y en especial la de sus astilleros se hacía a precios que eran un escupitajo en la cara de los líderes de la Organización Mundial del Comercio; la mayoría de los sindicatos estaban prohibidos y a partir de finales de los 70 las manifestaciones estaban a la orden del día, a cada cual más violenta. Incluso el principal líder de la oposición, Kim Dae-Jung, fue secuestrado en Japón, donde vivía exiliado, llevado a Seúl y condenado a muerte, si bien su pena fue conmutada y llegaría, décadas más tarde, a ser el presidente de Corea del Sur.

Corea del Norte es una monarquía absolutista y pseudo-stalinista de lo más oscura, sí, pero Corea del Sur, hasta hace bien poco, no es que fuera precisamente el Jardín del Edén, como hemos podido ver. La respuesta que los generales daban habitualmente a las críticas, tanto externas como internas, era que la República de Corea era un estado en continuo estado de emergencia y que, por ello, las relaciones entre ejército y gobierno debían ser lo más estrechas posibles, un discurso muy similar al que usaba el gobierno del difunto Vietnam del Sur durante la guerra. La cuestión es que Chun Doo-Hwan multiplicó su fortuna personal por ocho durante los años que gobernó. Pero claro, esto último es una casualidad, por supuesto...

Durante décadas, los norteamericanos habían dogmatizado a los políticos de Extremo Oriente con la teoría de que sólo el nacionalismo sería capaz de derrotar al comunismo en Asia. Pero pese a ello, Corea del Norte siempre ha hecho uso abundante de retórica nacionalista y de la mitología coreana en toda clase de campañas, mientras que en el sur, el sentimiento nacionalista nunca había gozado de mala salud. Por ello, la democracia se antojaba como la única manera por la cual Estados Unidos podía venderle a todas las naciones del Oriente el éxito de sus políticas en la región, algo muy necesario a partir de los 70, cuando los gobiernos "pro-Occidentales" del continente estaban de capa caída (el desastre de Indochina de 1975, la caída del Sha en 1979, la de Ferdinand Marcos en 1986...). Estas caídas de gobiernos autoritarios, pero amigos de los USA, mostraron a Chun Doo-Hwan que ya no podría contar con ese apoyo americano tan indiscutible y decidió dejar la silla. Para cuando Seúl acogía los Juegos Olímpicos de 1988 el proceso de transición a la democracia estaba ya en marcha.

Seul en la actualidad
Algunos dicen que los Juegos de 1988 supusieron el nacimiento de la Corea moderna, y es probable que tengan razón, al menos hasta cierto punto. Los productos coreanos comenzaron a inundar los mercados de todo el mundo a partir de esa fecha, pero las primeras elecciones democráticas tras la dictadura no se iban a celebrar hasta 1992, cuando Kim Young-Sam salió elegido presidente. A pesar de todo, ese 1988 sigue siendo una suerte de "frontera psicológica" entre el ayer y el hoy para muchos coreanos.

Hoy en día, Corea del Sur sigue siendo, en cierta manera, en un estado con una notable crisis identitaria e institucional que está dejando una huella bastante notable en su sociedad. Con menos tesoros artísticos y bienes de patrimonio cultural que sus dos gigantescos vecinos, China y Japón, Corea parece haber adoptado una nueva estrategia. Más que promover sus tesoros naturales y arquitectónicos, Corea del Sur se presente al mundo como un gran supermercado de tecnología, una potencia industrial y deportiva, y como uno de los principales mercados discográficos y de cine. Esta "K-wave", como muchos la llaman, ha barrido toda Asia en menos de una década y ya se prepara para la conquista de occidente por medio de teléfonos LG, televisores Samsung y coches Hyundai al ritmo de "Gangnam Style". Esto ha dado lugar a una sociedad tremendamente competitiva que es cada vez más fría y materialista, en la que pocos trabajan menos de diez horas al día y en la que muchos alumnos entran en la escuela antes del amanecer y salen tras la puesta del sol. Al mismo tiempo, una particular obsesión con la belleza y la perfección parece afectar a un notable número de coreanos, haciendo de Seúl y, especialmente, de los distritos de Gangnam y Apgujeong, mecas de la cirugía estética, que suele ser barata y de calidad, permitiendo a muchas jovencitas tener el mejor look que sus bolsillos (o los de sus padres) puedan pagar.

No se puede negar, que buena parte de las medidas económicas y de trabajo han sido adoptadas del sistema japonés, quizá al igual que la moda del suicidio por presión laboral o social (de hecho, Corea del Sur ha superado a Japón en número de suicidios de esta índole y se ha llegado a colocar en el primer puesto del ránking mundial en índice de suicidio estudiantil). El futuro, aún así, es bastante prometedor para la economía coreana a medio plazo, pero sólo las nuevas generaciones de surcoreanos podrán probar si el nuevo modelo social que están intentado construir triunfa, sobre todo si tenemos en cuenta que estamos hablando de un país que, pese a su modernidad y nivel de desarrollo, apenas lleva un puñado de décadas abierto al mundo.



Autor: Ignacio M García-Galán

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