martes, 16 de abril de 2013

Una historia coreana: Divididos quedamos

Time - Corea
Dos días después de caer la bomba atómica sobre Hiroshima, la URSS le declaró la guerra a Japón. En apenas dos semanas, todo el nordeste de China cayó en manos del ejército rojo. Dos años antes los aliados ya habían decidido en las conferencias de El Cairo y de Yalta que Corea debería recuperar su independencia una vez Japón fuera derrotado. La opción de realizar una transición estudiada y transparente hacia esa independencia o cómo sería administrada no fueron cuestiones abordadas en detalle por las grandes potencias, si es que eso alguna vez les interesó.

Con la rendición de Japón el 25º Ejército de la URSS entró en Corea por el norte, desde China. Con él viajaban varias columnas de partisanos chinos y coreanos quienes, además de combatir, hacían las labores de guías e interpretes. No debían de ser suficientes, al parecer, ya que la ignorancia y la falta de respeto que los soldados soviéticos mostraron en el norte de Corea durante sus meses de ocupación fueron claros. Las violaciones, asaltos y saqueos fueron harto comunes, hasta el punto de que los propios ciudadanos de Pyongyang realizaron varias manifestaciones en 1947 y 1948 (probablemente las últimas que hicieron con libertad) exigiendo la retirada de las tropas soviéticas.

Al mismo tiempo, los Marines de EE.UU desembarcaban en el sur. Por irónico que parezca, el sur era originalmente el principal hervidero de actividad comunista en Corea. Mientras, el norte ocupado por los soviéticos había sido el bastión de los nacionalistas de derechas. Sin embargo, el Partido Comunista de Corea establecido en Seúl era totalmente independiente y no tenía contacto alguno con Moscú y, mucho menos aún, con Kim Il-Sung quien, por medio de unas elecciones fraudulentas organizadas por los soviéticos, se hizo con el poder del norte en 1946. Stalin y los oficiales del ejército rojo recompensaron así al entonces joven Kim, que había alcanzado el rango de capitán en el ejército soviético durante la II Guerra Mundial.

Si bien los japoneses se habían marchado ya de Corea y reconocido su independencia, la realidad es que para 1947 el país estaba ya claramente dividido en dos estados diferentes. La retirada soviética en 1948 dejó en manos del nuevo ejército norcoreano cientos de miles de toneladas de municiones y armas sobrantes de la reciente guerra, así como camiones y un número muy considerable de carros de combate. Por si fuera poco, el tejido industrial, incluidos los grandes arsenales que los japoneses habían levantado en la península durante su mandato se concentraban, fundamentalmente, en el norte. Kim Il-Sung proclamó así el establecimiento de la República Popular Democrática de Corea, que pronto dejó claro tener poco de popular y democrática e, incluso, de república.

aviones
Para los americanos, las cosas no iban a pintar mucho mejor. El sur era más pequeño que el norte, era una zona rural, poco industrializada, más poblada y hervía con la actividad de grupos de izquierdas, algunos de ellos armados. El centro administrativo, eso sí, quedaba en Seúl, la última capital de Corea y, a la postre, ciudad más grande del país. Cuando la Autoridad Provisional de Corea, un gobierno nacional que fue establecido en Seúl por los propios coreanos tras la derrota japonesa, intentó entrevistarse con los oficiales americanos, estos se negaron a recibirles. Los yankees tenían muy claro a quién querían en el poder, y ese no era otro que su protegido, Lee Sung-Man. De esta forma, Corea llega a tener dos gobiernos, sin relaciones entre sí, y ni Washington ni Moscú dedican el más mínimo esfuerzo a tratar la cuestión de la reunificación de una manera seria. El ejército surcoreano era pequeño, estaba pésimamente equipado y, en principio, sólo se dedicó a detener la insurgencia comunista en el sur.

El 25 de junio de 1950, poco antes del amanecer, oleadas de soldados norcoreanos, apoyados por tanques y artillería cruzaron el paralelo 38 hacia Corea del Sur. Por supuesto, Pyongyang dijo que el sur había atacado primero.

Kim Il-Sung se sentía envalentonado por la coyuntura social y política del sur, donde el Partido Comunista tenía un número grande de simpatizantes que estaban siendo brutalmente reprimidos. Desgraciadamente para él, Pyongyang no tenía ningún de tipo de relación, influencia o control sobre los comunistas del sur y su organización y, por su parte, las tropas del sur no contemplaban la opción de huir sin combatir. Durante dos meses el ejército surcoreano perdió millares de hombres en su encarnizado esfuerzo por contener o, al menos, retrasar la avalancha comunista que barrió la península. Para agosto se encontraban arrinconados en la esquina sudoriental de Corea, defendiendo el puerto de Pusan con la ayuda de unos pocos Marines americanos y el apoyo de los bombarderos que llegaban a cubrirles desde las bases aéreas en el vecino Japón.
Ese mismo mes, tras las súplicas del gobierno del sur, la ONU aprobó en un pleno la Resolución 82, por la cual se enviaba a Corea una fuerza multinacional de combate de la que dos tercios de sus efectivos serían estadounidenses y que estaría, inicialmente, comandada por el General Douglas MacArthur, artífice de la victoria sobre Japón. El hecho de que la URSS se ausentase durante nueve meses de la Asamblea General como protesta por la negación de admitir a la China comunista en la organización supuso que nadie pudiese vetar el envío de dicha fuerza. Todos los miembros votaron a favor salvo Yugoslavia, que se abstuvo.

El 15 de septiembre los Marines desembarcan en Inchón, el puerto más cercano a Seúl, 350km al norte de la línea del frente. El movimiento era arriesgado, pero era en sí, una obra maestra. Desde el puerto, las tropas aliadas avanzaron rápidamente hacia Seúl, capturando la capital y amenazando con cortar la península en dos. Los soldados norcoreanos, al ver la situación, suspendieron su ofensiva en el sur y se apresuraron a retroceder de vuelta a casa ante el temor de quedar aislados. Para cuando regresaron a su territorio la mitad de sus miembros había muerto o desertado. Para los aliados, la ocupación de Corea del Norte a partir de octubre no fue en exceso complicada, apenas les llevó un mes. A comienzos de noviembre, el gobierno norcoreano y las unidades que este pudo salvar cruzaron a China, donde esperaban contar con la protección y el apoyo del gobierno de Mao.

Soldados
Siempre se nos ha vendido la intervención china en Corea como la respuesta a una potencial amenaza. El gobierno de Pekín veía la presencia de tropas extranjeras, y concretamente americanas, en su frontera como una daga en su garganta. Una Corea unificada bajo tutela de Washington podría ser un trampolín para derrocar a su recientemente creada República Popular. No obstante, Mao ya tenía planes para intervenir en Corea en fechas tan tempranas como febrero de 1950, cuatro meses antes del estallido de la guerra. Esto, sin duda, pudo animar mucho a Kim Il-Sung. Por aquel entonces China trataba de desmovilizar a varios cientos de miles de soldados de su "Ejército Popular de Liberación" y muchos estaban teniendo problemas a la hora de adaptarse a la vida civil. Se dice que cuando Mao firmó la orden de enviar 800.000 soldados a Corea lo hizo sonriente y diciendo: "Ha pasado ya bastante desde que tuvimos una batalla en condiciones".

En oleadas humanas interminables, las tropas chinas, seguidas en la retaguardia por los norcoreanos, arrollaron a los aliados en el norte. Las tropas americanas, británicas y surcoreanas se vieron atrapadas en las nevadas del cruel invierno coreano, obligadas a luchar hasta le extenuación para llegar a la costa y subir a uno de los últimos barcos que iban al sur. Los comunistas reocuparon Seúl en enero pero, para sorpresa de todos, los aliados consiguieron recapturarlo dos meses después. Era la cuarta y última vez en menos de un año que la capital surcoreana cambiaba de manos.
De ahí en adelante la guerra se convirtió en una sangría ridícula por capturar las colinas que salpican el centro de la península coreana. Los aliados se verían obligados a enviar más tropas y aviones para frenar en avance chino y enfrentarse a los experimentados pilotos soviéticos que volaban para el norte. En realidad, la Guerra de Corea es conocida por ser la primera en la que se usaron de forma extensiva los aviones a reacción, con el F-86 americano y el MIG-15 soviético como sus principales símbolos. También fue el primer conflicto no desarrollado a nivel mundial en el que se pudo ver a soldados americanos heridos tratados por médicos italianos e indios en un hospital construido por el ejército francés y custodiado por tropas turcas y etíopes. Igualmente, fue también la primera guerra en la que apareció el helicóptero y la primera en la que no hubo segregación racial entre las filas del ejército estadounidense.

Si bien las negociaciones habían arrancado ya a finales de 1951, el acuerdo de alto el fuego final no fue alcanzado hasta el 27 de julio de 1953.

Un cabo soviético y un sargento americano redibujaron la frontera utilizando un mapa de National Geographic. Corea del Norte se hizo con el control de la ciudad de Kaesong, donde ahora hay un gran parque industrial de cooperación con el sur, y varias islas de la costa occidental. Su régimen prevaleció, para alivio de los chinos, pero el 90% de su tejido industrial e infraestructuras quedaron arrasados por los bombarderos B-29 americanos. A efectos prácticos, se puede decir que la frontera sufrió cambios mínimos, pero el nivel de fanatismo con el cual los coreanos se mataron entre ellos llegó a sorprender a las fuerzas extranjeras que participaron en el conflicto. Los coreanos de ambos lados jamás se volverían a mirar con los mismos ojos.


Autor: Ignacio M García-Galán

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