jueves, 26 de diciembre de 2013

Li Wei y lo imposible.

       Voy caminando por la calle escuchando música y pensando cuál podría ser un tema interesante para este post.  Estoy cargada de ideas pero ninguna parece llegar a buen puerto.  Sin darme cuenta parece que Michael Stipe me da la clave: “it´s been a bad day, please don´t take a picture”  y en mi cabeza salta una imagen.  Se trata de Li Wei estampado de cabeza en el parabrisas de un coche.



                                                           Li Wei falls to the Car. 2003


      Li Wei es uno de esos artistas que ha hecho de los montajes fotográficos su seña de identidad. Nacido en 1970 en Hubei, es considerado un performer de segunda generación en China, un admirador de aquellos pioneros de Beijing East Village que allá por los años noventa estaban empezando a inmortalizar sus acciones a través de la fotografía. 


                                                                25 levels of freedom. 2004


Su objetivo capta momentos congelados de frustración, irrealidad, violencia, fragilidad y de personajes flotantes a los que no les afectan ni las leyes de la física ni las de las de la lógica.

Algo no va bien en esas situaciones, no sólo son las posturas imposibles y la ausencia de gravedad o la relación aparentemente anómala entre sus personajes sino, también,  la sensación de angustia  ante la fatalidad anticipada.

En muchas ocasiones Li Wei habla del cambio constante en nuestra sociedad globalizada, del poder que ostenta la clase política y la sensación de inseguridad e inestabilidad que todo ello nos produce. Las ciudades, grandes colmenas en plena efervescencia, no son el espacio ideal para que el individuo pueda desarrollar una sensación de anclaje y pertenencia,  y es por ello que los personajes de las fotografías de Li Wei flotan ingrávidos o aparecen en situaciones de violencia. En palabras del mismo Li Wei:” Muchas de mis fotografías hablan de cómo los individuos viven en el sistema actual. Mi voluntad es mostrar cómo me siento en este nuevo entorno social” (1)


                                                           Hand. 2005

La preparación de sus acciones es muy elaborada y el proceso de retoque  posterior a golpe de Photoshop supone una pieza fundamental para poder crear la ilusión en sus fotografías.  El artista concedió una entrevista a The Creators Project en la que explica todo el proceso creativo desde la concepción de la idea hasta su ejecución. Podéis ver la entrevista completa  en el siguiente enlace:
                                        
                                                        Mirror. 2000


Autora: Paola Pérez Masedo



Notas:
(1) Manonelles Moner, Laia. Arte Experimental en China. Conversaciones con artistas. Edicions Bellaterra, S.L., Barcelona, 2006, pp. 95
Créditos fotográficos: Todas las obras pertenecen a su autor y han sido extraídas de la web personal de Li Wei. http://www.liweiart.com/index.htm









martes, 19 de noviembre de 2013

Danzas tradicionales de Taiwán en auge

1980 vio emerger el movimiento aborigen taiwanés. En 1991, se creó la compañía de "bailarines Yuan" en respuesta a la demanda por parte de los aborígenes de poder interpretar sus propias danzas.

Antes, la música y bailes eran realizados por bailarines no aborígenes que no eran capaces de capturar su verdadera esencia.

Faiwad Fagod, fundador y director artístico de la compañía de bailarines Yuan manifestó "La mayoría de los bailarines utilizan la posición de los pies que aprendieron para las danzas aborígenes, por ejemplo con los dedos hacia afuera, pero para los aborígenes, ¡esta no es la manera correcta de bailar!"

Además las conocidas como "troupes de danzas aborigen" se pensaron originalmente para los turistas: utilizaban música electrónica cambiando los estilos de danza y mezclando música de diferentes tribus sin ton ni son. Esto llevó a que, entre los aborígenes, algunos comenzaran a plantearse la necesidad de redescubrir la verdadera esencia de las danzas locales "usando un sonido aborigen puro, con el baile y el ritmo real".

Los bailarines Yuan pidieron a los sabios de las tribus que enseñaran a los jóvenes a bailar las danzas originales. Pero resulta muy difícil cuando estás lejos de casa hacer entender a la gente la esencia de este arte. Por este motivo los sabios cambiaron su modo de enseñar, llevando a los estudiantes a la tribu para que experimenten la realidad diaria de los aborígenes.

La parte más importante de la danza aborigen es sentir la vitalidad y la energía de "lo salvaje". Faidaw Fagod comentaba "los bailarines Yuan tienen una práctica de danza diferente a la de otros bailarines profesionales. De hecho, no existe un sistema especializado de enseñanza. Lo que apreciamos es que los bailarines aprendan y entiendan la danza repitiendo los cánticos y movimientos como el de "golpeteo con los pies". Es sólo mediante la práctica que se puede alcanzar el modo correcto de bailar".

La repetición y práctica también permiten familiarizarse con los patrones de danza y los distintos movimientos. Cuando sostienen las manos del otro, los bailarines pueden sentir la respiración y las emociones de los demás, haciendo que se desarrolle un entendimiento tácito que emerge armónicamente.

A Faidaw Fagod no le gusta tomarse a sí mismo muy en serio, dice ser el "ancestro" de la compañía tras 19 años de danza: "Desde la fundación del grupo hasta hoy, he participado en muchos espectáculos pero nunca me he llegado a cansar ya que la gente con la que bailo siempre aporta sensaciones distintas. Cuando bailo, me gusta percibir el estado de ánimo de la persona que está a mi lado y saber qué piensa. ¿Se siente cómoda, algo le preocupa? Puedo saber todas estas cosas mientras bailo"

La danza es sobre todo movimiento y sensaciones, por eso los bailarines Yuan le dan la bienvenida a todos los aborígenes sin discriminación de edad o sexo; esta es la razón por la que tienen bailarines entre 10 y 48 años. Faidaw también afirma que para la supervivencia de la compañía, los bailarines colaboran con otros artistas para preparar escenarios, dirigir o entrenarse de un modo más especializado. De hecho este entrenamiento especial incluye 3 o 4 horas de caligrafía para desarrollar la paciencia y la concentración.

A medida que los bailarines Yuan amplían su colaboración con coreógrafos y directores de escena de todos los orígenes, inclusive no aborígenes, ¿es posible que puedan perder su espíritu de grupo y cohesión? Faidaw Fagod es muy optimista y dice que "No, no creemos que eso suceda ya que los aborígenes seguirán repitiendo y reproduciendo sus ritos locales. Deseamos ofrecer incluso más cosas nuevas, y más allá de los cambios que tengan que venir, mantendremos vivo el espíritu de los pueblos aborígenes ".

Fuente: Erenlai

jueves, 19 de septiembre de 2013

Culturasia en Alcobendas. Exposición de fotos y conferencias.

Pasado el verano comienza nuevamente la actividad en Culturasia. El día de comienzo será el 30 de septimebre, momento en el que se inaugura la exposición itinerante "Memorias de China".

Tras la buena acogida en distintos centros como universidades y centros culturales, ahora se podrá visitar en la Casa de las Asociaciones de Alcobendas, calle Cáceres, 18.

Las fotos han sido tomadas por miembros de nuestra asociación en sus diferentes viajes por China. Cuentan además un con pequeño texto explicativo sobre el contexto en el que fueron tomadas.

En el mismo sitio, entre el 3 y el 11 de octubre de 2013, realizaremos una serie de conferencias centradas en el mundo de la cultura china.

Los invitamos a conocer junto a nosotros un poco más sobre este actor fundamental en el ámbito internacional que es China.

El programa es el siguiente:









lunes, 22 de julio de 2013

Una Historia Coreana: Al otro lado.

Corea del Norte
El edificio no tenía luces, ya que la electricidad hacía meses que había dejado de funcionar con regularidad. En las habitaciones se apiñaban camillas metálicas cargadas de enfermos y heridos, eran los afortunados. Para muchos otros no había sitio y en los pasillos yacían otros tantos enfermos junto a filas de niños desnutridos con las costillas marcadas. La carestía de anestésicos obligaba a muchos médicos a realizar operaciones casi sin anestesia a unos pacientes que habían llegado al hospital a hombros o en carretilla, ya que no había combustible para las ambulancias. Para finales del año anterior, la falta de alimentos obligó al hospital a suspender los servicios de comida para los enfermos. Ahora, al no tener tampoco medicinas, muchos eran los enfermos graves a los que ni siquiera se llevaba al hospital y muchos otros los que se iban sin recibir el alta para morir en su casa. 
La escena parece sacada de un campo de refugiados en algún rincón dejado de la civilización, de algún delirio apocalíptico o de una ciudad asediada durante alguna brutal guerra de épocas que ya quedan muy atrás, pero no. El año es 1994 y el lugar es el Hospital Municipal de Chongjin, la tercera ciudad en importancia en Corea del Norte.

Mientras la gente moría de inanición detrás de las puertas de sus casas y hospitales, silenciosamente y lejos de la vista de comunidad internacional, millones de norcoreanos sollozantes se arrodillaban en hileras interminables dando alaridos de dolor a los pies de las colosales estatuas del gran Líder. Kim Il-Sung había muerto esa misma semana. Las estatuas eran en muchas ciudades el único punto que se mantenía iluminado las veinticuatro horas del día. En la mayor parte del país la electricidad había dejado de funcionar hace meses.

La madrugada del 8 de julio de 1994 moría en uno de sus palacios del norte del país el hombre que sería entronado como Presidente Eterno, algo a lo que ningún dictador militar de poca monta llegó nunca a aspirar, quedándose como mucho en Presidente Vitalicio. Muchas son las historias que circulan sobre su muerte, la cual tuvo lugar apenas tres días después de una visita de Jimmy Carter a Corea del Norte para abordar la desnuclearización del pequeño feudo de los Kim. Algunos dicen que la noche en la que sufrió su fatal ataque al corazón, Kim Il-Sung había discutido acaloradamente por los fracasos económicos de las políticas de su hijo, Kim Jong-Il, quién había sido designado sucesor en 1973 y llevaba ya casi un lustro dirigiendo el país detrás de la cortina.

La historia parece bien plausible a juzgar por el devenir de las cosas, pero en torno a la muerte del Gran Líder todo es misterio. De los cuatro helicópteros que despegaron de los jardines de su palacio para llevar su féretro y a su séquito de vuelta a Pyongyang sólo llegaron dos, curiosamente el que transportaba el ataúd y el que transportaba al sucesor. Los dos aparatos con los médicos del Gran Líder y sus asesores más cercanos se estrellaron... según dicen por el mal tiempo.

Corea del Norte


Se tardó treinta y dos horas en informar al pueblo de la muerte de su mesiánico guía. La reacción no se hizo esperar. Las unidades de trabajo y vecinales obligaron a todo ciudadano a postrarse y llorar ante la estatua de Kim Il-Sung más próxima a su casa dos veces durante cada uno de los diez días de luto oficial. Teniendo en cuenta que, para 1994, había más de 34.000 estatuas de Kim Il-Sung y de su hijo, encontrar una no iba a ser complicado. La televisión nacional, la única del país, se llenó de imágenes de ciudadanos destrozados y de documentales de la vida de "abogi", un término que en coreano sólo se usa para referirse al padre de uno o a Dios.

Incluso apareció uno en el que se decía que si el llanto del pueblo era lo suficientemente apasionado y sincero, el Gran Líder podría volver a la vida... Y puede que, en parte, así sea hasta cierto punto. El Gran Líder Kim Il-Sung sigue siendo el Jefe de Estado de la República Popular Democrática de Corea (que bien poquito tiene de popular y de democrática, y aún menos de república) a pesar de la pequeña contrariedad de llevar casi veinte años muerto. Es, por tanto, su nieto quien ejerce las funciones prácticas del cargo.

Kim Il-Sung había tenido mucha suerte en la vida y había sabido jugar muy bien sus cartas. De hecho, hasta "eligió" el momento ideal para morirse. Los años 90 son recordados especialmente en este país aislado y temido por la devastadora hambruna que, según informes, se pudo llegar a cobrar hasta 2millones de vidas entre 1993 y 1998. Si el Gran Líder hubiese vivido un par de añitos más, ¿quién sabe si su recuerdo habría sido igual de entrañable?

Durante la ocupación japonesa de Corea, Kim Il-Sung había liderado a una pequeña unidad de la resistencia coreana. Sin embargo, la superioridad numérica y bélica de los japoneses le obligó pronto a huir a China, donde incluso llegó a adherirse al PCC y a liderar incursiones armadas al lado coreano de la frontera. De ahí saltó a la Siberia soviética, donde se había refugiado una gran cantidad de coreanos que escapaban de la dominación japonesa y del hambre que a menudo atenazaba a las provincias más septentrionales del país. En 1940 se enroló en el Ejército Rojo, sirviendo en él hasta el final de la II Guerra Mundial. Para entonces, los aliados ya habían decidido en El Cairo y en Yalta que Corea recuperaría su independencia tras las derrota de Japón. En septiembre de 1945, al mismo tiempo que los marines americanos desembarcaban en el sur, las tropas soviéticas entraban por el norte de esta pequeña península. Traían consigo a una notable dotación de guías e intérpretes coreanos: uno de ellos era Kim Il-Sung.

El mayor de la dinastía Kim quedó entronizado como líder de Corea del Norte gracias a sus conexiones con los rusos en 1947. Su cargo no estaba tan asegurado, no obstante. Había otras tres facciones dentro del poder que podían hacerle sombra. Pero, sin embargo, la fortuna y la destreza estuvieron siempre de su lado:

1- Los comunistas coreanos tradicionales, que eran más numerosos en el sur y habían permanecido en Corea durante la ocupación japonesa, fueron masacrados durante la guerra por las tropas de Seúl y sus aliados.

2- La facción Sovieto-Coreana era percibida como indoctrinada por Moscú, pero muy inactiva desde el punto de vista bélico. Eran burócratas inservibles y fueron purgados tras la muerte de Stalin. De hecho, ni siquiera los propios rusos se molestaban en disimular el desprecio que sentían por ellos.

3- La facción Sino-Coreana estaba compuesta de militantes que, como el propio Kim Il-Sung se habían enrolado en el PCC. Tras la guerra se les quitaron los cargos tildándoles de neo-coloniales, en alusión a la influencia que durante siglos los chinos habían ejercido sobre Corea.

Rápidamente el culto a la personalidad del Gran Líder floreció. La verdad es que no fue excesivamente difícil. Para 1960 la mayoría de ciudades de Corea del Norte habían sido reconstruidas y las infraestructuras del país eran muy modernas. De hecho, la renta per cápita era muy superior a la del sur capitalista, tradicionalmente agrícola, y que no alcanzaría el nivel de producción industrial del norte hasta 1968.
Corea del Norte

Los norcoreanos vivían en elegantes bloques de apartamentos que se alineaban en torno a imponentes bulevares y parques. Para 1970 el analfabetismo había casi desaparecido y todos y cada uno de los pueblos del país tenían alumbrado eléctrico, algo de lo que China, Corea del Sur o la URSS no podían presumir. En esa época en la que el Mundo Comunista todavía representaba algo, Corea del Norte era vendida como "el gran milagro socialista", puesta incluso como ejemplo en Alemania Oriental o Bulgaria. La cosa no iba a durar.

En 1990 la URSS establece relaciones diplomáticas con Seúl y se desintegra al año siguiente. En 1992, China pasaría a acercarse a los surcoreanos con otra apertura de relaciones. A día de hoy, el 34% de las exportaciones de Corea del Sur acaban en China. El capitalismo había triunfado.

La URSS se negó a continuar dando préstamos a fondo perdido a Pyongyang y las compañías soviéticas dejaron de fiar dinero y productos. China haría lo mismo y la economía norcoreana no tardó en hundirse. Sólo tres años después escaseaba el combustible, la electricidad funcionaba de manera intermitente, luego ocasional y luego excepcional. Finalmente, la comida empezó a escasear también hasta el punto de que en varias ciudades el estado se vio obligado a suspender el racionamiento de víveres, el cual había sido el único medio para alimentar a una población a la cual durante cuatro décadas se le había dicho que tener cultivos propios era un pecado capitalista y diabólico. Los otrora envidiados habitantes de Corea del Norte robaban ahora comida en las granjas colectivas, hervían corteza de árbol y hierbas en la sopa, o plantaban abiertamente vegetales en sus jardines y balcones. Al pueblo se le dijo que Estados Unidos deseaba iniciar una nueva guerra y que para no encontrar oposición había ordenado bloquear todo el envío de alimentos a la madre patria para matar de hambre a sus heroicos ciudadanos.

En 1993 la renta per cápita de un ciudadano norcoreano medio era de 2.179$. Para finales de 1994 se había desplomado a 920$. Sin electricidad las fábricas no podían funcionar, si las fábricas no funcionaban no se podía producir, si no se podía producir no se podía exportar y, si no se podía exportar la economía no tenía posibilidad alguna de remontar. Los muelles de las ciudades costeras industriales, otrora visitados por cargueros rusos, chinos y japoneses estaban ahora desiertos... El último recurso que le quedaba en la manga a la nueva generación que dirigiría al país era un pequeño reactor nuclear donado en los setenta por los soviéticos e instalando en un pequeño pueblo al norte de la capital conocido por el nombre de Yongbyon.

Autor: Ignacio M García-Galán

lunes, 10 de junio de 2013

Exposición de fotografía de Culturasia: Memorias de China

Culturasia
La muestra itinerante "Memorias de China" creada y promovida por socios de Culturasia sigue su andadura, esta vez por el centro de Madrid. Quienes quieran conocer un poco más sobre el Gigante Asiático desde una perspectiva más personal, con fotos tomadas en distintos sitios de su amplia geografía y con una explicación sobre la motivación y el contexto en el que fue tomada pueden visitarla gratuitamente.
La exposición comienza el día 14 de junio y finaliza el 27 de junio de 2013 en el espacio de Cronopios Idiomas, Calle San Bernardo 24, piso 1º, Madrid. ¡Los esperamos!


Cartel Memorias de China Escuela Cronopios 2013

La situación del budismo en China y Japón a partir de mediados del s. XX. hasta la actualidad. Puntos en común, divergencias y desafíos

Históricamente el budismo ha logrado adaptarse a aquellos lugares adonde ha ido, incorporando aspectos de las religiones previamente establecidas. El Dharma, o cuerpo doctrinal atribuido a Buda, sirvió para dar respuesta a la gente en situaciones variadas. Esta flexibilidad del budismo para acomodarse a una gran diversidad de medios hizo que pudiera penetrar, sobrevivir y florecer en países de tradición cultural, social y religiosa muy diferentes al de su origen.

buda sentado
A través del siguiente trabajo retrataremos la evolución que ha seguido el budismo en China y Japón a partir de dos momentos determinantes como son la fundación de la República Popular China en 1949 para dicho país y el final de la Segunda Guerra Mundial en 1945 para Japón. Trataremos el tema desde una perspectiva comparativa, teniendo en cuenta indicadores como la penetración social de la religión en cada momento, el número de seguidores (cuando se disponga de datos), su adaptación al contexto histórico y la interacción con el gobierno. Estudiaremos los procesos por los que pasa la comunidad budista china como consecuencia de las políticas comunistas y la japonesa debido a la occidentalización. El objetivo será el de valorar el estado actual del budismo en estos países comparándolos entre sí y teniendo en cuenta su condición previa a los dos hitos mencionados anteriormente.

Situación del budismo previa a la llegada del comunismo al poder en China.
Desde el punto de vista de algunos pensadores comunistas se esgrime que parte del éxito del budismo en la antigüedad china se debe a que fue aceptado por las clases dirigentes para atender sus intereses políticos y de orden social. Como ejemplo está el periodo de las Dinastías del Sur y del Norte (265 - 587) en el que se promovían oficialmente ciertas doctrinas, como la del voto de los Bodhisattvas de no guardar resentimiento ni fomentar el odio, o la promesa de renacer en una vida futura en el Paraíso del Oeste. Aparece además el novedoso concepto de ‘infierno’, rápidamente aceptado por las élites gobernantes, por el cual el pueblo llano era alentado a seguir una conducta apropiada mientras que las injusticias cometidas por las autoridades, a pesar de quedar aparentemente impunes en este mundo, serían saldadas tras la muerte, siendo esto un consuelo para los oprimidos. De esta forma se ayudaba a mantener a la gente aliviada de sus preocupaciones inmediatas, bajo control y obtener cierta sensación de justicia.

Parte del éxito del budismo en la antigüedad china se debe a que fue aceptado por las clases dirigentes para atender sus intereses políticos y de orden social.

Otra estrategia consistía en asociar la idea de naturaleza búdica, es decir, la de una mente iluminada que ha logrado tomar conciencia de su yo verdadero, con las características intelectuales encontradas en los miembros eruditos de las esferas en el poder, a fin de ganar aceptación popular.

Una nota diferencial la presenta el movimiento Chan, que toma fuerza en el siglo VII y VIII y que es considerado como una ideología más cercana al pueblo por no otorgar tanta importancia a los textos escritos o a los privilegios de las elites, y por tener un espíritu más equitativo entre sus adeptos. Sin embargo, al encontrar su apogeo al final de la dinastía Tang, pasa gradualmente a identificarse con la clase gobernante, difuminándose en parte su carácter igualitario.
En el ámbito asiático, a principios del siglo XX muchos de los países de arraigada tradición budista se vieron políticamente representados por el comunismo. En 1924 Mongolia se vuelve un país comunista, en 1948 Corea del Norte hace lo propio, siendo el turno de China en 1949.

El comunismo en Mongolia, con patrocinio soviético, se vio impulsado para hacer frente a la dominación china, lo mismo que sucedió en Corea del Norte donde sirvió de base para enfrentarse al colonialismo japonés y al capitalismo norteamericano. Por otra parte, China se termina erigiendo como un bastión contra los poderes occidentales que se presentan a principios del siglo XX.

Uno de los factores que influyó en el apoyo dado al comunismo por estos países con gran penetración budista fue el hecho de que esta ideología se presentaba como un medio inmediato y práctico que ayudaría a acabar con la dominación extranjera e imperialista.

El hecho de existir durante más de 1500 años en Asia Oriental daba al budismo un carácter local aglutinador al cual aferrarse en contraposición al imperialismo y a los valores ajenos a la propia nación. Por este motivo, al inicio de este despertar comunista en la zona, se teorizó sobre la posibilidad de que ambas formas de pensamiento pudieran convivir, el budismo aportaba un carácter unificador y el comunismo era un frente común de defensa contra el invasor exterior. Sin embargo este escenario no fue el que finalmente se impuso.

Situación del budismo en Japón antes de los procesos de occidentalización inciados tras la victoria aliada de 1945.
Como ya hemos mencionado, una de las características del budismo chino fue la de saber mantener factores unificadores básicos que eran budistas y chinos a la vez (o budistas y comunistas en su momento).
J. Bissett Pratt afirma que los japoneses “hicieron al budismo lo mismo que han hecho con todo lo que se les ha traído desde el extranjero. Lo aceptaron simple y humildemente, de un manera casi infantil, imprimiendo el matiz de su propio genio transformador sobre él.”
Según Joseph Kitagawa tenemos 2 vertientes principales dentro del budismo japonés, el budismo nacional, aceptado por el régimen de gobierno, con sus raíces en el siglo VI de la mano del Príncipe Shotoku quien establece esta religión como la del trono y el imperio; y en segundo lugar el budismo folclórico, que tiende a amalgamarse con la religión popular chamánica, presentándose como una religión de compasión hacia los desfavorecidos.

En la era Tokugawa (1603 – 1867) con el fin de contener un posible avance del cristianismo recién llegado de manos de comerciantes y misioneros portugueses y españoles, se ordena a cada hogar japonés registrarse en templos concretos estableciéndose un censo, sistema inédito hasta entonces. A partir de este momento los nacimientos, bodas, divorcios, funerales, y diversas fiestas y celebraciones comunales tendrían que ser asentados en el templo budista correspondiente. El patronazgo del gobierno confiere al budismo una infraestructura eclesiástica fuerte, convirtiéndose así en una poderosa arma a la vez que elemento de cohesión social. Cuando comienza a decaer el período de esplendor Tokugawa sucede lo propio con el budismo.

Tras la llegada del Almirante Perry a las costas japonesas en 1853, que significó la apertura forzosa del país a las fuerzas occidentales, los ideólogos de la Restauración Meiji reconocieron que ninguna de las religiones tradicionales (sintoísmo, budismo, confucianismo) podía servir como eje a través del cual articular un sentido de unidad nacional. Esto llevó a crear un nuevo objeto de cohesión encarnado en la institución imperial, sistema que perduró hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. En consonancia con esta idea, durante los 50 años desde la Primera Guerra Sino Japonesa hasta la Segunda Guerra Mundial todas las religiones fueron gradualmente despojadas de su protagonismo anterior por parte del gobierno, más impermeable a críticas e injerencias.

Los ideólogos de la Restauración Meiji reconocieron que ninguna de las religiones tradicionales podía servir como eje a través del cual articular un sentido de unidad nacional

En 1937, durante el transcurso de la Segunda Guerra Sino Japonesa, grupos budistas chinos hicieron un llamado a sus correligionarios japoneses reclamando que en nombre del budismo intercedieran ante su gobierno para que se usara la vía diplomática en vez de la fuerza. Ese acto que nunca llegó a tomar forma hubiera sido considerado por Japón como una interferencia intolerable. El gobierno japonés esperaba que miembros de cada grupo religioso visitaran el frente y rezaran por la victoria de Japón.

El budismo nipón por su parte se había visto inmerso en la militancia política. Toyota Dokutan, jefe administrativo de una de las ramas de la secta de Rinzai Zen, en 1911 hace una declaración contra los socialistas y anarquistas en Japón: “Nos aseguramos de que los adeptos a nuestra escuela tengan en mente el amor al país y la lealtad absoluta [al emperador]… que no ignoren la doctrina del karma ni caigan en la trampa de creer en las ideas heréticas de ‘maligna igualdad’ [en referencia al socialismo]”

Procesos por los que pasa la comunidad budista como consecuencia de las políticas comunistas en China.
Entre algunas de las ideas que podían hacer pensar que una convivencia entre el comunismo y el budismo en China sería algo factible estaba la negación de una deidad creadora por parte de ambos o la creencia en la idea de una sociedad igualitaria (la Sangha en el caso budista). Sin embargo al poco tiempo de establecerse el comunismo en el poder, en 1949, comenzaron a aparecer las diferencias y los enfrentamientos doctrinales. Los conflictos principales se basaban en la visión materialista del mundo desde la óptica comunista, contraria a la del budismo donde se apunta a una conquista espiritual, con el Nirvana como objetivo final y que no necesita de bienestar material para alcanzarse; por otra parte, las metas espirituales se van consiguiendo por los méritos propios e individuales de cada persona. Podemos citar parte de un artículo de Kitagawa, crítico a una primera aproximación comunista para justificar la continuidad del budismo en China. Este autor afirma que ante la suposición de que Buda era un reaccionario que se enfrenta a los males derivados de una sociedad dividida por castas (lectura comunista), la realidad es que Buda profesaba la transformación del propio individuo, para que a partir de ahí la sociedad se transforme desde dentro. Sus últimas palabras: “Sed vuestra propia isla, no busquéis otro refugio” también podrían entenderse en este sentido.

Otro de los aspectos diferenciadores es el de la enseñanza de la compasión y la no violencia que profesa el budismo, contrario al pensamiento comunista que aborda la problemática de la lucha de clases aprobando el uso de la fuerza cuando lo considera necesario.

La visión comunista menos conciliadora tilda al budismo como superstición y fantasía, elementos utilizados por la burguesía para controlar y someter al proletariado, buscando mantenerlo atado a su condición social y alejándolo de la revolución libertadora.

Si bien el Artículo 88 de la Constitución China de 1954 dice que “Los ciudadanos de la República Popular China poseen la libertad de creencias religiosas” la interpretación marxista afirma que la persona se acerca a la religión debido a ciertas fuerzas o condiciones externas poco propicias, si estos factores son eliminados a través de la educación, la ciencia o la revolución, las personas se ven libres de sus ataduras y la religión desaparece por sí misma.

 La visión oficial del Partido Comunista es que mientras la religión exista debe permitírsele seguir, pero trabajando siempre para alcanzar una sociedad en la que no sea necesaria

La visión oficial del Partido Comunista es que mientras la religión exista debe permitírsele seguir, pero trabajando siempre para alcanzar una sociedad en la que no sea necesaria. Este es un punto importante para entender por qué el budismo no fue directamente prohibido como en otros momentos de la historia.

Procesos por los que pasa la comunidad budista en Japón como consecuencia de la occidentalización tras finalizar la Segunda Guerra Mundial.
Con la derrota japonesa en 1945, el emperador renuncia a su carácter divino y el sintoísmo deja de ser la religión oficial del estado. El saldo de este conflicto fueron un gran número de templos destruidos y miles de líderes potenciales, tanto laicos como clericales fallecidos. La libertad de religión puesta en práctica por las fuerzas de ocupación hizo que las jerarquías residuales preexistentes dentro del budismo desaparecieran junto con ciertos derechos y privilegios acumulados en su día.

La reforma aplicada a la tierra por los aliados provocó que gran cantidad de templos perdieran terrenos que servían como fuentes de ingresos mediante su alquiler para la agricultura. La urbanización y la industrialización llevaron a su fin al sistema de censos en los templos y su rol como centro organizador social en el campo.

Una parte de la población pasó a identificarse con el percibido modelo de éxito occidental y rechazar lo tradicional o autóctono. Ante las nuevas posibilidades de afiliación a diversas formas de pensamiento, una parte de los seguidores del budismo se pasaron a las filas de otras religiones o se adhirieron al comunismo, socialismo u otras ideologías políticas de entre las muchas en auge en ese momento.

Esta continua pérdida de fieles a favor de otras corrientes comenzó a paliarse mediante una modernización estudiada de su estructura, creándose universidades privadas afiliadas a las mayoritarias sectas Zen, Shingon y Nichiren. Otra de las estrategias fue realizar un trasvase de las iniciativas budistas hacia manos laicas, para organizar retiros de estudio, y cooperación entre clérigos y seglares. Los líderes budistas se dieron cuenta a partir de las oportunidades que presentaba este trasvase, de la importancia de sus acciones en las esferas cultural, social, económica y política, apostando por una mayor presencia en estos ámbitos.


Adaptación a la nueva coyuntura social, religiosa y política en China.
Los planteamientos que aportaba el nuevo gobierno para el entendimiento de la religión en general, acarreó transformaciones en todos los niveles de funcionamiento del budismo en China. Los monasterios históricamente habían obtenido gran parte de sus ingresos, al igual que en Japón, a partir del alquiler de terrenos propios, entregados en su momento por el emperador o por donantes adinerados. Esta estabilidad económica les permitió no tener que adherirse a la regla de tener que pedir comida con sus cuencos por las casas como se hace principalmente en los países de tradición Theravada. El Acta de Reforma de la Tierra, promulgada en junio de 1950, impuso la confiscación de terrenos pertenecientes a templos y monasterios budistas, confucianos y taoístas. De acuerdo a la política derivada del nuevo pensamiento comunista, cada individuo dentro del monasterio debía recibir la misma porción de tierra cultivable que el resto de los campesinos. Esto produjo reacciones diferentes entre los monjes, aquellos que se habían ordenado para evitar una vida de trabajo arduo se despojaron de sus hábitos ya que el nuevo estado de las cosas les obligaba a tener que producir de igual forma que los laicos, sumando además sus tareas sacerdotales. Por su parte, otros se vieron convencidos por la persistente propaganda comunista, que presentaba al nuevo orden como una liberación en esta vida de las injusticias y una consecución de la igualdad entre los seres humanos, mucho más palpable que un remoto objetivo de iluminación.

La reciente instauración del comunismo trajo aparejada la pacificación del territorio, la estabilización de los precios, el control inflacionario, el restablecimiento de las comunicaciones por tierra, etc. El contraste de esta nueva y prometedora realidad con las penurias de épocas anteriores reafirmaba la idea anterior.

De acuerdo a la política derivada del nuevo pensamiento comunista, cada monje debía recibir la misma porción de tierra cultivable que el resto de los campesinos. Aquellos que se habían ordenado para evitar una vida de trabajo arduo se despojaron de sus hábitos

Se hizo manifiesta una gran presión popular sobre los monjes para incorporarlos a los canales de producción al igual que el resto de la gente. Aquellos monasterios ubicados en las ciudades tuvieron que crear pequeñas cooperativas, asociarse a factorías cediéndoles espacio dentro de su suelo o fundar pequeñas industrias como la del tejido. Todo esto resultó en una disminución considerable de la cantidad de monjes budistas a partir de 1950.

Dada la importancia de esta religión a nivel nacional, el gobierno se sirvió de un medio estratégico para controlar institucionalmente a este grupo y que se ajustara a sus políticas: la Asociación Budista China.

Creada en 1953 en un encuentro del Partido Comunista en Beijing, esta institución tenía tres tareas primordiales, a saber: “unir a los budistas de China para participar bajo el liderazgo del Gobierno Popular en el movimiento de amor a la patria y defensa de la paz, ayudar al Gobierno Popular a alcanzar la política de libertad de credos religiosos y establecer relaciones con budistas de diversos países con el fin de desarrollar las tradiciones de su credo”. Estos objetivos fueron complementados posteriormente con los de “distinguir a los aliados de los enemigos en obra y pensamiento, eliminar alos espías y agentes especiales enviados por los imperialistas y por Chiang Kai Shek, y purgar a las sociedades secretas reaccionarias que se ocultaran tras el hábito budista.

De este modo, esta institución se convirtió en la primera en la historia en abarcar a todos los budistas chinos bajo una misma organización eclesiástica-estatal.

Entre los miembros honorarios de la recién creada asociación se encontraban el XIV Dalai Lama, el Panchen Lama, el Gran Lama de Mongolia Interior y el abad chino Xu Yun; a pesar de la huída del Tíbet de los dos primeros y de la negativa a colaborar del último, sus puestos honoríficos fueron mantenidos hasta el día de su muerte (el Dalai Lama es el único que aún vive).

Con el nuevo estilo doctrinal favorecido por la Asociación Budista China se comienza a transformar el contenido tradicional de las prácticas religiosas. Se establecen reglas como las de limitar las actividades que resultaren supersticiosas, engaños de las masas, que interfieran con la producción, desperdicien materias primas o las destinadas a proteger a “mala gente”, entendiéndose como tal a los enemigos habituales del régimen, sin embargo también incluía el dar refugio a los monjes itinerantes ya que dar cuenta en un lugar de lo que sucedía en otra región era tomado como una forma contrarrevolucionaria de espionaje. Su carácter errante, fuera de los circuitos de producción promovidos por el gobierno, les daba aún peor consideración.

La obligación de anteponer la Nación a la religión impuesta por el Partido llevó a que se reinterpretasen algunas enseñanzas. Ahora matar a los enemigos de la revolución y de la paz representaba bajo esta nueva perspectiva un acto de suma compasión; también se llegó a afirmar que el socialismo era el verdadero Paraíso del Oeste en la Tierra y que Mao era un buda viviente.

A pesar de esta notoria transformación doctrinal y de las consecuencias de la disminución constante de monjes, el gobierno mantuvo ciertos monasterios emblemáticos, restaurándolos y acondicionándolos. Cuando llegaban embajadas del extranjero, principalmente de los países vecinos, eran llevados a estas premisas dando la impresión de que el budismo florecía en China, y sugiriendo que si otros países adoptasen el comunismo, en ellos también lo haría. Por otra parte quedaba implícito ante este panorama idílico que el budismo apoyaba la causa comunista al verse apadrinado de modo tan benevolente por el Gobierno.

En 1963 se funda el “Instituto para el Estudio de las Religiones del Mundo” en la Academia China de Ciencias Sociales, encargándole la función de aplicar el Marxismo-Leninismo-Maoísmo para explorar las causas por las que existen las religiones y así poder remediarlas. Debido a la Revolución Cultural no puede continuar sus actividades volviendo a estar operativa en 1978.

Una de las principales armas de la Asociación Budista China para difundir su visión de la doctrina fue la revista Modern Buddhism, que si bien existía anteriormente, pasó a control gubernamental tras la llegada al poder de Mao. La mayor parte de los artículos trataban sobre religión, siempre desde el punto de vista oficial, dedicándose el resto de los contenidos al campo de la política. A lo largo del tiempo, esta revista de circulación en monasterios y entre los fieles sirvió de base para introducir nuevas interpretaciones sobre el verdadero significado del budismo de acuerdo a los intereses del Gobierno y respaldadas por fuentes consideradas como autorizadas. Son ejemplos interesantes la comparación de ciertos discursos de líderes del Partido con Sutras; la inclusión de los monjes en la labor productiva, siendo esto en beneficio de todos los seres (en referencia al voto del Bodhisattva); afirmar que el primer Plan Quinquenal era un paso en la consecución del Paraíso del Oeste, hogar del buda Amitabha, etcétera.

La revista Modern Buddhism deja de publicarse en 1964.

En 1967, La Revolución Cultural promovida por Mao impulsaba un cambio de orden, acabando con los “4 viejos”, las viejas ideas, cultura, costumbres y hábitos; la religión en general fue una de las instituciones que se vio más afectada al radicalizarse las consignas revolucionarias. Entre los años 1967 y 1974 no se vuelve a mencionar la religión en ningún artículo de la prensa nacional.

Podemos preguntarnos si el budismo en esta etapa se transformó o en cambio se elaboró una expresión híbrida nueva, fruto de la mezcla de los aspectos político y religioso. No se puede aseverar en qué medida la deificación de Mao como un Buda viviente y sus políticas como verdadera expresión del Dharma realmente calaron en la mente de los practicantes y cómo influyeron en los nuevos adeptos. A pesar de ser consideradas por muchos como una aberración de la doctrina, se debe tener en cuenta que estas ideas eran impuestas desde la omnipotencia gubernamental y desafiarlas podía conllevar severos castigos o la muerte. Quizá el hecho de acatarlas (con mayor o menor aceptación de su verdadero significado) fue el modo particular que adoptó el budismo para sobrevivir a este período, con la esperanza de la llegada de tiempos mejores en los que retomar las vías tradicionales y más ortodoxas de su credo en China.

Fin de la primera parte (Parte 1 de 2)

Autor: Marcelo Ugarte