sábado, 30 de abril de 2011

Mineros de Perú, tensión ante la presencia china

SAN JUAN DE MARCONA, Perú — En su continua búsqueda de materias primas, China ha acudido a Sudamérica para todo tipo de productos, desde la soja brasileña hasta la madera de Guyana o el petróleo venezolano. Pero mucho antes de todo esto, China puso el ojo en este pequeño pueblo minero del desierto al sur de Perú.

En el año 1992 las empresas chinas comenzaron a mirar al exterior. La empresa de acero Shougang Corporation of Beijing se centró en una mina de acero aquí y realizó un arriesgado movimiento ya que la zona estaba plagada de guerrilleros maoístas de Sendero Luminoso.

Las cosas no fueron fáciles. Los trabajadores de la mina, fundada por norteamericanos en los 1950 y nacionalizada por militares de izquierda en los 70, comenzaron a fomentar algo inesperado: un levantamiento que ha durado hasta hoy, con huelgas continuas, choques con la policía y hasta ataques incendiarios contra los jefes enviados desde China.

"Nos dimos cuenta enseguida de que nos estaban explotando para construir la nueva China, pero sin recibir nada a cambio", afirmó Honorato Quispe, 63, oficial de la mina, donde se llevaron a cabo 3 huelgas sólo este año.

Los gerentes chinos conducen vehículos deportivos y comen en su propia cafetería

El largo conflicto con Shougang por los salarios, el medioambiente y el trato hacia los residentes locales no encaja bien con la visión promovida desde China de un trato beneficioso para ambas partes en Latinoamérica. La idea es que mientras los países de la zona venden productos como cobre, aceite o hierro, obtienen a cambio teléfonos móviles, coches y juguetes.

La tensión en Marcona sugiere que al igual que sucede con otras potencias presentes en la zona como los Estados Unidos o Gran Bretaña no están libres de incidentes.

Podría decirse que se está cristalizando en la zona una cierta desconfianza en los negocios con China. Se trata sobre todo de las importaciones baratas y los esfuerzos por conseguir acceso a las reservas de materias primas. Por ejemplo en Brasil y Argentina los productores han acusado a las empresas chinas de rebajar los precios por debajo del coste en sus mercados internos, obligando a establecer nuevas tarifas para ciertas importaciones chinas.

Pero quizá ninguna región ha sido más cautelosa que Marcona. Con casi 15000 residentes, todavía mantiene el carácter original dado por ingenieros norteamericanos durante su construcción en 1950.

Si bien los norteamericanos ya no están, los gerentes chinos viven ahora en las mismas casas del distrito de Playa Hermosa, conducen vehículos deportivos, se comunican mediante traductores y comen en su propia cafetería, separados del resto.

Los problemas comenzaron cuando Shuogang redujo en 1990 el personal de 3000 a 1700 trabajadores, trayendo además mineros chinos. Las huelgas consiguieron que estos trabajadores extranjeros fueran devueltos a su país.
El resentimiento se alimentó tras la promesa incumplida de Shougang de invertir 150 millones de dólares en la mina y en infraestructura para la ciudad, prefiriendo pagar la multa de 14 millones por no hacerlo.

Muchos trabajadores viven en compañía inhóspita, otros alquilan habitaciones en la ciudad. Los que tienen peor suerte viven como ocupas en la cercana Ruta del Sol.

"Los chinos nos ven como poco más que esclavos" dice Hermilia Zamudio de 58 años, cuyo marido fue despedido de la mina tras 30 años de servicio. Los choques con la seguridad privada y con la policía, que recibe un estipendio mensual por parte de Shougang, son comunes en Ruta del Sol, donde la empresa china tiene los derechos de explotación de la dolomita, un mineral necesario para la fundición de hierro y acero.

En uno de los enfrentamientos del año pasado, Wilber Huamanñahui, un trabajador de la construcción de 21 años, fue acribillado mientras intentaba, junto a docenas de otros manifestantes, de tomar posesión de tierras controladas por Shougang. El caso sigue abierto. "Sé que nunca habrá justicia por este asesinato", afirmó su viuda, Zoila Benites.

Raúl Vera de la Torre, un ejecutivo peruano de Shougang que maneja las relaciones con el gobierno y periodistas, reconoció en una entrevista en Lima que la compañía recibió críticas sobre temas como la falta de vivienda, de agua y expulsión de ocupas. Por otra parte afirmó que ese mes Shougang llevó a cabo proyectos para mejorar la calidad de vida en la ciudad, como llevar agua potable a muchos residentes. También agregó que "una empresa no puede asumir las tareas que competen a un gobierno".

"Tras dos décadas de este experimento, la respuesta es no" comentó Félix Díaz, de 66 años, alto cargo del sindicato. "Cuando los chinos vinieron, nos hablaron sobre cosas como la solidaridad y la igualdad de los hombres. Si esta es la hermandad que pregonan, entonces tarde o temprano, habrá que hacer que los chinos se vayan"-

The New York Times (versión abreviada)

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